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Un Diamante de Méroe, que repele los golpes del hierro y neutraliza los venenos; un jaspe de Chipre, que estimula el don de la oratoria; y un Rubí de las Sirtes, cuyo fulgor disipa las tinieblas del espíritu. Estos eran los regalos que Artabán llevaría al momento de llegar a adorar al NIño Dios en su pesebre.
Sin embargo, el conocido cuarto Rey Mago, nunca llegó al alubramiento del hijo de Dios, ¿Por qué?
La leyenda señala que Borsippa sería el punto en donde los Reyes Magos se reunirían para irse juntos a ver al Niño Jesús, siendo guiados por la Estrella de Belén. Pero durante su trayecto a encontrarse con Melchor, Gaspar y Baltazar, Artabán vio a un hombre que parecía vulnerable, pues lo habían golpeado y asaltado, externando una agonia que el Sabio de Oriente no podía dejar pasar.
Al ayudarle a curar sus heridas y establecerlo, el sujeto agradeció y Artabán, tuvo el detalle de otorgarle el Diamante de Méroe que daría al recién nacido. Al terminar el encuentro con el hombre, Artabán siguió con su caballo el camino y fue tanto el esfuerzo en el desierto, que el equino murió, dejando a la deriba al mago, quien siguió su andar a pie.
Llegando casi a su destino, Artabán se vio obligado a ofrecer a un soldado el Rubí de las Sirtes a cambio de la vida de un niño, esto desatado por la orden de Herodes de matar a todos los menores. Al descubrir esto, el sabio dio al hombre esta piedra, pero de inmediato fue descubierto y encerrado en Jersualén por un capitán del Rey.
Encerrado en una cueva, solo y ciego, Artabán llegó a la vejez prisionero, escuchando al paso de los años, la existencia de un hombre al que denominaban como el Mesías, mismo que podría curar a los ciegos.
Al salir liberado, caminó por los lugares calurosos en donde se encontró con una turbia de personas que rodeaban a una chica que estaba siendo subastada para ser exclava ante los ojos de todos los ahí presentes. El ahora anciano, había conservado por años el Jaspe de Chipre, mismo que ofreció la roca sedimentaria a cambio de la libertad de la mujer.
Fue entonces cuando un sismo abrió la tierra y cayendo en una grieta, Artabán pudo apreciar a un hombre con una luz que figuraba en su alrededor y que con voz suave le decía: "Cuando tuve hambre me alimentaste, cuando tuve frío me tapaste, cuando estuve enfermo me curaste". El anciano soprendido preguntó ¿En qué momento había hecho todo eso?
Y abriendole los ojos, ante él apareció el Mesias, quien le decía: "Todo lo que hiciste por mis hermanos, me lo diste a mi de manera indirecta", confirmando Artabán que estaba ante aquél niño que nunca pudo llegar a adorar al portal. Y se fue con Él directo al paraíso.
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By: Diter A. Guzmán
Shotradio Internet ... seguimos haciendo ruido.
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