miércoles, 3 de junio de 2026

Adultos que aprendieron a no necesitar a nadie

 La independencia que a veces nace más del miedo que de la tranquilidad

Hay personas que se acostumbraron tanto a resolver todo solas, que pedir ayuda les incomoda más que el propio cansancio.

Personas que dicen “yo puedo sola”, “no pasa nada”, “ya estoy acostumbrado”. Que rara vez expresan lo que necesitan. Que prefieren cargar de más antes que sentirse dependientes de alguien.

Y aunque desde fuera muchas veces se ve como fortaleza, en realidad no siempre viene de la tranquilidad emocional. A veces viene de haber aprendido que necesitar apoyo podía terminar en decepción, abandono, crítica o invalidación.

Últimamente este tema también ha aparecido mucho en talleres y conversaciones. Personas que se sienten agotadas, pero que aun así no saben cómo apoyarse en otros. Incluso cuando tienen gente cerca, siguen funcionando como si tuvieran que resolverlo todo por su cuenta.

Y claro, volverse independiente no es algo negativo. El problema aparece cuando la independencia deja de ser una elección sana y se convierte en una forma de protección emocional.

Hay adultos que aprendieron desde muy pequeños a no pedir demasiado. A no “molestar”. A guardarse lo que sienten. Algunos crecieron en ambientes donde expresar necesidades no era bien recibido. Otros aprendieron que mostrarse vulnerables podía usarse en su contra. Entonces el cerebro desarrolla algo muy parecido a una independencia defensiva: “si no necesito a nadie, nadie puede lastimarme”.

Pero sostenerse emocionalmente solo todo el tiempo también desgasta.

Se nota en personas que minimizan lo que sienten. Que responden “estoy bien” casi automáticamente. Que ayudan a todos, pero no saben recibir ayuda. Que sienten ansiedad cuando dependen emocionalmente de alguien o cuando empiezan a encariñarse demasiado.

Muchas veces ni siquiera identifican que hay miedo detrás. Lo llaman costumbre, personalidad o autosuficiencia. Pero en el fondo existe una dificultad importante para confiar, descansar emocionalmente o sentirse sostenidos por otros. Y es que: necesitar a alguien no es debilidad.

Los vínculos sanos no deberían sentirse como una amenaza a la independencia. De hecho, una parte importante de la salud emocional tiene que ver con saber vincularnos sin sentir que eso nos hace perder valor, libertad o fortaleza.

Por eso, parte del trabajo emocional también implica aprender cosas nuevas: permitir ayuda sin sentir culpa, expresar necesidades sin vergüenza y entender que ser fuerte no debería significar hacerlo todo solo.

A veces sanar no consiste en volverse más independiente, sino en descubrir que también podemos sentirnos seguros acompañados.

Porque detrás de muchas personas “demasiado fuertes”, en realidad hay alguien que hace mucho tiempo aprendió que depender de otros podía doler.

Nos leemos en la próxima entrada de Shot de emociones, este pequeño espacio para ponerle palabras a esas cosas que muchas veces sentimos… pero pocas veces hablamos.


Rocío Guzmán
Psicóloga y Maestra en Orientación Familiar

 

viernes, 29 de mayo de 2026

¿VESTIMOS PARA NOSOTROS O PARA REDES SOCIALES

 

Como sabemos, en estos tiempos la moda ha sido una manera de expresión social. A través de lo que nos ponemos comunicamos gustos, personalidad, emociones e incluso una forma de ver el mundo. Sin embargo, en la era digital surge una pregunta que no es fácil de responder: ¿realmente vestimos por gusto o porque nos dejamos influenciar de las redes sociales?

Actualmente las apps como Instagram y TikTok influyen en la forma en que las personas se relacionan con la moda. Lo que antes era una decisión personal, hoy pasa por un filtro de una posible fotografía, una historia o una publicación. Al ponernos a elegir nuestro outfit, no solo pensamos en como nos sentimos sino como se verá en redes sociales.

Las redes sociales han convertido en una especie de carta de presentación digital. Parece que no funciona para el espacio físico, sino también para el espacio virtual. Esto explica por que tendencias como “clean look”, “coquette” u “old money” son tendencia rápidamente las cuales solo proponen prendas sino identidades completas como las personas que pueden adoptar para proyectar una apariencia.



La complicación se presenta como validación externa comienza a tener mas pesos que el gusto personal. Hay personas que dejan de usar su ropa favorita porque “ya no esta de moda” o porque no se adapta a la estética que domina en redes sociales.

Asimismo, la presión estética no afecta únicamente a influencers o figuras públicas. Alguien puede sentir la necesidad de mantener cierta imagen para recibir aprobación mediante “likes” y comentarios. La moda deja de ser una herramienta de expresión para convertirse, en algunos casos, en una estrategia de aceptación social.

Por otro lado, no solo cae el peso en redes sociales. La moda siempre ha tenido una dimensión social: históricamente, las personas se han vestido para pertenecer, diferenciarse o comunicar estatus. La diferencia es que, en la actualidad, esa exposición ocurre frente a miles de personas de manera permanente.

Tal vez la verdadera libertad en la moda no este en seguir todas las tendencias, sino en sentirse cómodo con lo que uno usa, incluso no esta pensado para aparecer en una foto.


Sheila Diaz





Adultos que aprendieron a no necesitar a nadie

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