viernes, 29 de mayo de 2026

¿VESTIMOS PARA NOSOTROS O PARA REDES SOCIALES

 

Como sabemos, en estos tiempos la moda ha sido una manera de expresión social. A través de lo que nos ponemos comunicamos gustos, personalidad, emociones e incluso una forma de ver el mundo. Sin embargo, en la era digital surge una pregunta que no es fácil de responder: ¿realmente vestimos por gusto o porque nos dejamos influenciar de las redes sociales?

Actualmente las apps como Instagram y TikTok influyen en la forma en que las personas se relacionan con la moda. Lo que antes era una decisión personal, hoy pasa por un filtro de una posible fotografía, una historia o una publicación. Al ponernos a elegir nuestro outfit, no solo pensamos en como nos sentimos sino como se verá en redes sociales.

Las redes sociales han convertido en una especie de carta de presentación digital. Parece que no funciona para el espacio físico, sino también para el espacio virtual. Esto explica por que tendencias como “clean look”, “coquette” u “old money” son tendencia rápidamente las cuales solo proponen prendas sino identidades completas como las personas que pueden adoptar para proyectar una apariencia.



La complicación se presenta como validación externa comienza a tener mas pesos que el gusto personal. Hay personas que dejan de usar su ropa favorita porque “ya no esta de moda” o porque no se adapta a la estética que domina en redes sociales.

Asimismo, la presión estética no afecta únicamente a influencers o figuras públicas. Alguien puede sentir la necesidad de mantener cierta imagen para recibir aprobación mediante “likes” y comentarios. La moda deja de ser una herramienta de expresión para convertirse, en algunos casos, en una estrategia de aceptación social.

Por otro lado, no solo cae el peso en redes sociales. La moda siempre ha tenido una dimensión social: históricamente, las personas se han vestido para pertenecer, diferenciarse o comunicar estatus. La diferencia es que, en la actualidad, esa exposición ocurre frente a miles de personas de manera permanente.

Tal vez la verdadera libertad en la moda no este en seguir todas las tendencias, sino en sentirse cómodo con lo que uno usa, incluso no esta pensado para aparecer en una foto.


Sheila Diaz





miércoles, 20 de mayo de 2026

El duelo de no haberte sentido suficiente

 Últimamente he trabajado mucho este tema en talleres y algo que me sigue impresionando es la cantidad de personas que cargan una sensación profunda de insuficiencia. Hombres y mujeres que, aunque tienen trabajo, pareja, estudios o personas que los quieren, siguen sintiendo internamente que todavía les falta “algo” para merecer amor, reconocimiento o tranquilidad.

Y sí, eso también puede vivirse como un duelo.

Porque el duelo no siempre aparece únicamente cuando perdemos a alguien. A veces aparece cuando empezamos a reconocer cuánto tiempo vivimos sintiendo que teníamos que esforzarnos demasiado para sentirnos valiosos.

 

En los talleres, muchas personas hablan del cansancio de tener que demostrar constantemente. Ser quien resuelve todo. Quien nunca falla. Quien da más. Quien aguanta más. Como si equivocarse, descansar o necesitar apoyo fuera motivo suficiente para perder valor frente a los demás.

Y poco a poco, esa exigencia se vuelve parte de la identidad.

Hay personas que se disculpan por todo. Otras que viven pendientes de no incomodar. Algunas sienten ansiedad cuando alguien se aleja, aunque no haya pasado nada grave. Y muchas tienen una voz interna extremadamente dura, una que rara vez reconoce esfuerzos, pero sí magnifica errores.

Detrás de esto suelen existir historias de mucha crítica, comparación, invalidación emocional o vínculos donde el cariño parecía depender del desempeño. Entonces la persona aprende algo muy difícil de cargar: que para merecer afecto hay que ganárselo.

Por eso hablar de duelo en este tema sí tiene sentido. Porque muchas veces el proceso implica aceptar cuánto dolor hubo detrás de esa necesidad constante de aprobación. Hacer duelo por la tranquilidad que no se tuvo. Por las veces que uno sintió que tenía que convertirse en alguien “mejor” para merecer quedarse, ser elegido o ser amado.

Y también implica aprender algo nuevo: que el valor personal no debería depender de cuánto hacemos por otros.

Claro que cambiar esto toma tiempo, pero hay pequeñas cosas que ayudan a empezar.

A veces es necesario aprender a detectar la autoexigencia antes de normalizarla. Dejar de medir el propio valor únicamente a través de productividad, logros o aprobación externa. Empezar a construir relaciones donde uno no tenga que demostrar constantemente que merece cariño. Y sobre todo, aprender a hablarse con más humanidad.

Porque vivir sintiendo que nunca eres suficiente termina siendo una forma muy silenciosa de desgaste emocional.

Y quizá una de las partes más difíciles de crecer emocionalmente es darse cuenta de cuánto tiempo vivimos intentando merecer algo que, desde el principio, debió sentirse incondicional.

Nos leemos en la próxima entrada de Shot de emociones, este pequeño espacio para ponerle palabras a esas cosas que muchas veces sentimos… pero pocas veces hablamos.


Rocío Guzmán
Psicóloga y Maestra en Orientación Familiar

 

¿VESTIMOS PARA NOSOTROS O PARA REDES SOCIALES

  Como sabemos, en estos tiempos la moda ha sido una manera de expresión social. A través de lo que nos ponemos comunicamos gustos, personal...